Capítulo 6: Segundo informe sobre desarrollo humano en Centroamérica y Panamá PDF Print E-mail

Los retos de la diversidad regional

Una compleja arquitectura regional. Los desequilibrios de Centroamérica se expresan en la relación entre el tamaño y las condiciones económicas y sociales de sus países. Una quinta parte de los habitantes del área vive en naciones de poca población y extensión territorial (Panamá y Costa Rica) pero donde el PIB per cápita asciende a 3.278 dólares. En contraste, el 33% de las y los centroamericanos vive en países que concentran gran parte del territorio y mucha más población (Nicaragua y Honduras), pero con un PIB per cápita que no llega a 1.000 dólares. La evolución en el crecimiento también ha ido en sentidos contrarios: mientras en las primeras naciones citadas la producción ha aumentado, en las segundas ha permanecido estancada o en descenso. El panorama lo completan dos países que concentran casi la mitad de la población del área (El Salvador y Guatemala) y que, no obstante tener la mitad de la producción regional en 2001 (34.700 de 69.900 millones de dólares), registran un PIB per cápita que equivale a la mitad del de Costa Rica y el de Panamá.

En síntesis, pujanza y tamaño están distribuidos de manera inversa y desfavorable para una dinámica regional robusta. Los países más grandes no son los más avanzados económicamente, ni los menos desarrollados son los de menor tamaño; además, estos últimos están enclavados en el corazón del área. Esta situación pone a Centroamérica ante un doble dilema: por una parte, debe equilibrar las inequidades internas -sin ello los progresos de unos pueden verse comprometidos por el rezago de otros- y, por otra, como ningún actor local es lo suficientemente fuerte, ni los mercados lo suficientemente profundos, la dinámica necesaria no puede generarse sin el aporte extrarregional.

Inserción en el mercado internacional

  • El comercio internacional dinamiza la economía, pero no automáticamente

  • La razón entre el valor de las importaciones más exportaciones con respecto al PIB (coeficiente de apertura) revela que en la mayoría de los países centroamericanos la apertura comercial se aceleró durante la década de los noventa, en tanto el crecimiento de las economías no resultó todo lo dinámico que se esperaba. Además, la preparación e inserción en las nuevas tendencias del comercio mundial ha sido desigual, como resultado de las condiciones internas de cada economía, el grado de desarrollo institucional, el respeto al Estado de derecho, la gobernabilidad y, en los casos de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, los procesos de pacificación.

    Al relacionar estos patrones con los niveles de desarrollo humano imperantes en los países, puede afirmarse que la primera y la tercera modalidades de inserción pueden constituir una base económica para un mayor desarrollo humano (según estándares regionales). Mientras tanto, si bien el segundo estilo reanima la economía y genera empleos que de otro modo difícilmente existirían en países con alta informalidad y elevado desempleo, los niveles de desarrollo humano son inferiores a las de los países en que imperan las otras modalidades.

  • Integración y negociaciones comerciales
  • Todos los países del área enfrentan negociaciones de integración económica en tres planos: el interno, el centroamericano y el extrarregional. En cada uno, múltiples actores generan demandas no siempre convergentes y procuran incidir sobre el curso de estos procesos, y los gobiernos deben crear equilibrios que no repercutan negativamente sobre los intereses de sus respectivos países en alguno de los planos de la negociación.

    El comercio intrarregional a luz del TLC. El comercio intracentroamericano, que también refleja grandes diferencias entre países, ha tendido a aumentar: de 650 millones de dólares en 1990, pasó a casi 2.000 millones en el 2001. El nuevo estilo de desarrollo adoptado por las naciones del área ha impulsado la construcción de un espacio económico regional para equilibrar las brechas existentes; no obstante, la realidad económica sigue siendo heterogénea y fragmentada.

    Acuerdos para evitar la doble imposición en el marco de los TLC. La globalización ha afectado también el campo fiscal. En el caso de Centroamérica, junto a un creciente flujo de inversiones transnacionales se mantiene la soberanía fiscal de cada país, y esto ha generado problemas como la doble imposición. En este sentido, y particularmente en el contexto de las negociaciones de un posible TLC con Estados Unidos, cobra relevancia la suscripción de acuerdos para evitar la doble imposición, tanto para el control de la evasión como para distribuir el pago de los tributos generados por actividades transnacionales y, de esta forma, encadenar fiscalmente esas actividades.

    Las soluciones para este problema son de dos tipos: las primeras son unilaterales y consisten en métodos de exención (un país no computa entre las rentas que grava, aquellas que se obtengan en otras jurisdicciones) y de imputación (las rentas obtenidas en otra jurisdicción se incluyen dentro de las rentas gravadas por el país de residencia, pero se concede un crédito por las cantidades pagadas en la jurisdicción fiscal de la fuente); las segundas son bilaterales o convencionales, y buscan resolver discrepancias entre las legislaciones nacionales, distribuyendo las facultades impositivas entre los países.

    La pobreza expresa múltiples exclusiones

    A pesar de las diferencias en las magnitudes de la pobreza entre los países, los perfiles de la población pobre muestran grandes similitudes. Una de ellas es que la pobreza afecta principalmente a la niñez centroamericana. La incidencia de la pobreza no sólo es mayor entre los niños, niñas y jóvenes de la región (el 61,5% de la población de 0 a 14 años de edad se encuentra en esta situación), sino que buena parte del total de pobres pertenecen a este grupo etario: un 47,9% de los pobres centroamericanos son niños y jóvenes de 14 años o menos.

    Fuerte desigualdad en la distribución del ingreso

    En todas las naciones, mientras el 30% de la población con mayores ingresos acumula por lo menos un 60% del ingreso nacional, el 70% de la población con menores ingresos obtiene, cuando mucho en el mejor de los casos, un 40% del ingreso nacional.

    El coeficiente de Gini, usado como medida de desigualdad, registra valores desde 0,473 (Costa Rica), hasta 0,584 (Guatemala) y 0,582 (Nicaragua). Para el conjunto de la región este indicador asume un valor de 0,564.

    Aumentan el empleo precario y la economía informal

    El PNUD, el IPEA y la CEPAL analizaron la factibilidad de que, para el año 2015, las naciones latinoamericanas reduzcan a la mitad la incidencia de la pobreza (respecto de los niveles de 1990), según lo establecido en la Declaración del Milenio. Los países centroamericanos requieren tasas de crecimiento económico muy elevadas para alcanzar esa meta, con el agravante de que, aun cuando lo lograran, muchos de ellos mantendrían niveles de pobreza todavía elevados. Los resultados del ejercicio también reflejan la importancia de reducir la desigualdad en la distribución del ingreso, pues con ello disminuirían los requerimientos, en términos de crecimiento económico, para alcanzar la meta propuesta. De mantenerse el ritmo de crecimiento vigente durante los años noventa (y la desigualdad en la distribución del ingreso), sólo Panamá, Costa Rica y El Salvador conseguirían el objetivo planteado.

    El gasto público social crece, pero aún es insuficiente

    Estimaciones de CEPAL sobre el gasto público social (que incluye educación, salud y nutrición, seguridad social y vivienda, agua y saneamiento, entre otros) del período 1998-1999, colocan a Panamá y Costa Rica como naciones con gasto social alto o medio-alto, superior a 600 dólares (de 1997) per cápita, mientras que los demás países del área, en su mayoría, no alcanzan 100 dólares de 1997 y ocupan los últimos cuatro lugares en cuanto a gasto social entre 17 naciones latinoamericanas consideradas. En términos de la región en su conjunto, el gasto social per cápita alcanza 187 dólares de 1997, un nivel que sigue siendo muy bajo en el contexto latinoamericano y que representa apenas un 10,7% del PIB regional total, cifra igualmente baja.

    Baja recaudación tributaria de los gobiernos centrales

    En general, los países del área muestran tasas de tributación parecidas a las de otras naciones latinoamericanas, pero inferiores a las de sociedades más desarrolladas. Por ejemplo, los ingresos tributarios como porcentaje del PIB son de 17,5% en Chile, y de alrededor de 25% en Portugal e Irlanda, mientras que en Centroamérica son cercanos a 14%. El bajo nivel de tributación es particularmente llamativo en el caso de Costa Rica, por las condiciones sociales imperantes en Costa Rica, cuyo financiamiento por parte de la sociedad no se está consiguiendo actualmente.

    El XXI será un siglo urbano en Centroamérica

    En los últimos 30 años el número de habitantes urbanos en Centroamérica pasó de 6,5 a 17,5 millones, y su porcentaje respecto a la población total aumentó de 38,3% a 48,7%. Durante ese período el crecimiento promedio fue de 3,3%, ritmo que, de mantenerse, haría que este grupo se duplicara cada 20 años. Aunque las proyecciones prevén que esta tendencia disminuirá, la población urbana llegará a 23,5 millones de personas en el 2010 y a 26,6 millones en el 2015.

    En el año 2000 en Panamá, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica, más de la mitad de la población era urbana (57,6%, 55,3%, 55,2% y 50,5%, respectivamente); en Honduras y Guatemala estos porcentajes eran 48,2 y 39,4. Junto a este crecimiento tiene lugar un alto grado de concentración en la ciudad principal. En el 2000 cuatro países centroamericanos se encontraban entre las 25 naciones del mundo con los niveles más altos de primacía. Panamá muestra el índice más alto, con una concentración de más del 73% de la población urbana en la ciudad principal; le siguen Guatemala (71,8%), Costa Rica (51,3%) y El Salvador (48,1%).

    Las ciudades serán, sin duda, los crecientes escenarios de riesgo de las décadas venideras. La forma de ocupación territorial refiere a aspectos controversiales, como los niveles de concentración poblacional, la densificación en el uso del territorio y la degradación del ambiente urbano. La expansión de la mancha urbana en todas las áreas metropolitanas de la región genera presiones sobre tierras periurbanas, muchas de ellas de importancia crítica para la recarga de acuíferos. En el primer informe regional se destacaron, por ejemplo, los problemas de urbanización creciente de los acuíferos de San Salvador y Managua. Esta situación se agrava aún más cuando la población que ocupa el espacio urbano se encuentra en condiciones sociales y económicas difíciles.
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