Nuestro país se encuentra sumergido en un sentimiento de luto y dolor. Una de las zonas más bellas de Costa Rica, con atractivos turísticos inigualables, se vio afectada por la fuerza de la naturaleza.

El terremoto de 6,2 grados escala Richter ocurrido el pasado jueves 8 de enero, azotó los sectores de Vara Blanca, Cinchona, Fraijanes, San Pedro de Poás y San Miguel, dejando a su paso pérdidas humanas, materiales, ambientales y ecológicas invaluables.
Estos sectores se caracterizaban por el desarrollo de actividades agrícolas, ganaderas y turísticas, las cuales brindaban el sustento diario a sus habitantes y potenciaban la economía de la zona; sin embargo, estos sitios fueron colapsados por derrumbes y movimientos en el terreno y se calcula que las pérdidas por el terremoto rondan los 100 millones de dólares, según informes de Casa Presidencial.
Las consecuencias del sismo continúan presentándose y se extienden de manera considerable a la actividad turística, la cual está siendo amenazada por el temor que un evento como este genera tanto a nivel nacional como internacional.