Costa Rica, a través de su historia, ha acuñado una arraigada cultura de
paz y democracia. Desde la época de la colonia nuestra pobreza fue
nuestra mayor riqueza, pues la falta de metales preciosos, aunque
retrasó el desarrollo, permitió proteger los recursos naturales.
A partir de nuestra independencia de España y ante el deseo de
consolidar las fronteras y los linderos de esta naciente República, se
incentivó la conquista de tierras baldías y en los bosques se abrieron
sitios de “abras” para “hacer” fincas.
Para dicha nuestra, la importancia de la conservación ambiental ha ido
tomando fuerza, al punto que hoy contamos con mecanismos para
incentivarla, como el pago por servicio ambiental, las áreas de
conservación privada, para el desarrollo del ecoturismo, y la gestión
comunitaria para la preservación.
Sin tener minas de importancia, vimos nacer el café y convertirse en
“grano de oro” y motor del desarrollo nacional. Luego, el banano creció,
como la fruta dorada.
Ninguna de estas actividades se acercó al ideal de desarrollo
sostenible, pero en el turismo, Costa Rica está encontrando una nueva
veta, reposada en las minas verdes de nuestros bosques y áreas de
conservación, así como en los reservorios de agua, “nuestro oro azul”.
La respuesta a estos esfuerzos es que hoy los turistas vienen por miles
a admirar nuestras bellezas, al punto que, a diciembre de 2006,
ingresaron un poco más de un millón setecientos mil turistas.
Sin embargo, la paz militar no ha sido sinónimo de paz social. El
abandono de programas sociales y bajos niveles de inversión, durante las
administraciones pasadas, provocó una creciente inseguridad ciudadana.
Este panorama sombrío llevó al presidente de la República, Dr. Oscar
Arias, y al ministro de Seguridad, Lic. Fernando Berrocal, a crear
mediante decreto ejecutivo, a partir de diciembre de 2006, la denominada
Policía Turística.
Contar con una policía especializada contribuye a alcanzar niveles
óptimos de seguridad, pero estos esfuerzos deben acompañarse de otras
garantías, como la protección de la vida, salud, integridad física,
psicológica y económica, derecho a información oportuna, en su propio
idioma, atención de emergencias por posibles desastres naturales o
aquellas provocadas por el ser humano.
La seguridad turística es un deber y un derecho, que se debe atender
integralmente y por ello debemos insistir en una coordinación entre el
Gobierno y los empresarios.
Paz social para la sostenibilidad turística implica levantar los niveles
de pobreza, mejorar el acceso a la educación de nuestra niñez y juventud
y mayores oportunidades laborales. Si a esto agregamos presencia
policial, para generar confianza en el turista, el país habrá encontrado
la fórmula para que esta veta de prosperidad no se apague.
En la búsqueda por consolidar a Costa Rica como un destino hermoso y
seguro, desde junio de 2006, presenté el proyecto de Ley de Creación de
la Policía de Turismo, que se encuentra en estudio en la Comisión
Permanente Especial de Turismo, de la Asamblea Legislativa.
Igualmente, el pasado 23 de agosto, en la Asamblea Legislativa,
realizamos el Foro “Estado de la Seguridad Turística en Costa Rica”,
donde distinguidos panelistas de todos los sectores, coincidieron en la
importancia de la policía turística.
Creo que, sin ser un país rico en minerales, hemos encontrado en la
conservación la mina del turismo. De nosotros depende que este oro verde
continúe brillando a través de los tiempos.
Diputada Ofelia Taitelbaum Yoselewich *** Tomado de La Republica ***
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