Costa Rica es tierra bendita, ya que a pesar de ser tan pequeña encierra el 5% de la biodiversidad mundial, y es reconocida mundialmente por sus esfuerzos en preservar sus encantos naturales. Tiene 7 opciones distintas de volcanes.

En el Pacífico Norte destacan El Rincón de la Vieja, con sus fumarolas de lodo y fuentes de aguas termales. El Miravalles respira por mil narices la fuerza geotérmica de Costa Rica. También está el Tenorio, cuya influencia hace que las aguas de un río se tiñan color celeste, que no solo deleita la vista sino también a los turistas cuando se bañan en sus aguas puras y reconfortantes. El Poás es considerado el geiser más grande del mundo y el Irazú, un coloso donde se divisan los dos océanos, a 3 mil metros de altura en días soleados y primaverales.
El Turrialba, menos famoso, pero con la particularidad de que el turista puede caminar dentro de sus tres cráteres de donde salen fumarolas que hacen del paisaje un lugar inolvidable, en cuyas montañas Ud. camina por encima de las nubes en lontananza. Pero, el más imponente de todos es el Volcán Arenal, de figura cónica casi perfecta, es uno de los 10 volcanes más activos del mundo, que pinta la noche color naranja. Además, este volcán tiene en sus alrededores aguas termales beneficiosas para la salud y una laguna que es considerada una de cinco mejores para la práctica del windsurf, deporte acuático y de aventura. Por allí pequeñas embarcaciones circundan el paisaje idílico, como los mejores de Suiza.
***Tomado de la Revista Viajes***