|
Costa Rica con dos caras de turismo, una mejor que otra |
|
|
|
Un modelo procura el desarrollo amigable con el ambiente mientras que
otro crece con un mínimo control
Costa Rica con dos caras de turismo, una mejor que otra
• Beneficios así como sus consecuencias sociales y ambientes, son muy
dispares
• Estudio ejemplifica ambas versiones mediante la comparación entre
playa Tamarindo y La Fortuna de San Carlos
Israel Aragón
El gran desarrollo turístico de Costa Rica lo ha llevado a diversificar
su oferta de atracciones al punto de disponer de opciones con
características opuestas y que, en ocasiones, desdicen la marca de Costa
Rica promovida a nivel internacional.
Mientras unas regiones procuran un desarrollo de la industria turística
que respete el medio ambiente y cause el menor impacto ecológico
posible, otras se desarrollan con un mínimo control, de forma masiva y
presionando de más a los recursos naturales.
El estudio “Calidad de vida en las familias y comunidades con proyectos
de desarrollo turístico”, elaborado por los investigadores William
Brenes, René Martorell y Juan Carlos Vanegas, contrasta dos modelos de
desarrollo turístico presentes en Costa Rica pero con características
muy distintas.
Para compararlos toma como ejemplos el turismo ofrecido en la playa de
Tamarindo, en Santa Cruz, Guanacaste, versus la propuesta de La Fortuna
de San Carlos, Alajuela.
La investigación arroja diferencias importantes sobre el impacto en la
naturaleza según cada modelo de desarrollo, así como en cuánto se
benefician las comunidades y familias de la actividad turística.
En Guanacaste el turismo empezó a adquirir importancia en los años 90,
haciendo que al final de la década la provincia pasara de una economía
basada en la actividad agrícola a una de servicios.
En esta zona, la industria turística la desarrollan especialmente
corporaciones de inversionistas, grupos mayoristas y hoteleros
internacionales dedicados al turismo masivo y al negocio de bienes
raíces, señala el estudio, citado en el XIII Informe Estado de la Nación.
Tamarindo casi no existía como pueblo antes de su auge turístico, por lo
que hoy en día prácticamente ninguno de los empleados en actividades
turísticas reside en el distrito, sino en comunidades aledañas como 27
de Abril, San José de Pinilla o Hernández.
Su crecimiento se dio a finales del siglo pasado, de la mano de eventos
internacionales de surf, el aeropuerto Daniel Oduber y una industria
hotelera que creció bajo la presión de la demanda.
La investigación resalta que el desarrollo de Tamarindo es impulsado en
gran parte por extranjeros, es concéntrico y ha llegado a tal magnitud
que acapara la totalidad del espacio disponible.
Esto ha afectado su disponibilidad de recursos naturales, al punto que
esta semana la playa perdió su calificación de Bandera Azul Ecológica
debido a la contaminación fecal de sus aguas, detectada por un estudio
del Laboratorio de Aguas de Acueductos y Alcantarillados (AyA).
El turismo en La Fortuna, por su parte, se empezó a desarrollar en los
80, cuando los habitantes comenzaron a combinar su actividad
agropecuaria con la turística. En la década siguiente desplazaron sus
cultivos de yuca y granos con hospedajes y servicios asociados al ocio y
las vacaciones.
De acuerdo con el estudio, esto ayudó a que la localidad nunca dejara de
ser un importante centro poblacional, lo que ha ayudado a integrar a las
familias a la mano de obra local.
Su actividad turística se caracteriza por el predominio de microempresas
locales y por no ser concéntrica al abarcar diferentes localidades de la
zona, como los alrededores del volcán Arenal.
A través de redes de cooperación y protección del patrimonio nacional, se han promovido modelos turísticos basados en la empresa familiar y cuido del ambiente, por lo que la instalación de proyectos turísticos de mayor envergadura, de inversionistas nacionales y extranjeros, no ha desplazado a los empresarios locales.
Estas cualidades han hecho que los beneficios y consecuencias del
turismo en una zona y otra sean muy dispares.
El informe muestra que mientras en La Fortuna el nivel de estudios
aumenta la probabilidad de vincularse a la actividad turística, en
Tamarindo esta asociación desaparece, debido a que en el primer distrito
se requieren trabajadores con un mayor nivel de instrucción, lo que
favorece la educación de los lugareños.
El estudio también comparó los ingresos de las familias con al menos un
miembro vinculado al turismo y el de las que no tienen ninguna relación
con el sector.
Encontró que en el caso de Tamarindo los ingresos asociados al turismo
son similares a los no vinculados, mientras que en La Fortuna “no solo
hay diferencia, sino que los ingresos de familias con participación en
la actividad turística son significativamente superiores, de hasta ¢50
mil más por mes”.
Estas afirmaciones permiten cuestionarse cuál modelo de desarrollo turístico es más beneficioso para el país, si aquel manejado por multinacionales turísticas que establecen débiles o nulas relaciones con las comunidades locales, o aquel en el que los operadores internacionales se articulan con los pequeños y medianos empresarios turísticos de la zona, consideró Miguel Gutiérrez, director del Programa Estado de la Nación.
Según una encuesta de percepción hecha para el último informe de este
programa, los pobladores de La Fortuna ofrecieron una mejor calificación
de los servicios básicos que reciben de la comunidad, pues en promedio
lo calificaron con un siete, en escala de uno al diez, contra un 5,5 de
calificación en Tamarindo.
Además los líderes comunales de esta localidad costera manifestaron una
especial preocupación por el desordenado desarrollo de la zona, la
ausencia de un plan regulador y la urgencia de controles sobre
autoridades públicas con el fin de evitar la corrupción, preocupaciones
todas ellas ausentes en La Fortuna. Los dirigentes del distrito
alajuelense se ocupan de ampliar la competitividad en la región, así
como de mejorar la educación de la población y la infraestructura para
que la zona perciba mayores beneficios del turismo.
En otra encuesta hecha también por el Estado de la Nación a informantes
considerados “clave”, se les preguntó cuáles eran los aspectos más
favorables del turismo. En el caso de Tamarindo se destacó la generación
de empleo, mientras que para La Fortuna se subrayó la creación de
oportunidades de progreso social, aspecto que contribuye a mejorar la
calidad de vida y reducir la desigualdad económica.
De acuerdo con estos informantes, en Tamarindo el consumo de drogas y
aumento de la prostitución, seguidos por la venta de tierras a
inversionistas, son los principales problemas. En La Fortuna también
señalaron la drogadicción, pero no mencionaron la prostitución.
La otra problemática importante es la ocasionada por la falta de
planificación del crecimiento urbano. Este año La Fortuna aprobó un plan
regulador, mientras que Tamarindo cuenta con uno desde 1999 pero sus
vecinos ponen en duda su planificación, lo cual se ve reforzado por
estudios de campo realizados por la Municipalidad, según los cuales se
incumple la normativa en la zona marítimo terrestre y en las de dominio
público.
Para Gutiérrez, director del programa Estado de la Nación, este
crecimiento desordenado y la saturación de construcciones en la zona, en
el caso de Tamarindo, ha contribuido a presionar los recursos naturales
y generar problemas de contaminación y sociales.
*** Tomado de La Republica ***
|
Home
|
|